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Este artículo pertenece a los Chatarreros. A su vez, es una excelente publicidad, para que el resto de facciones les echen un vistazo y así sepan que solicitar al grupo nada sospechoso de Doroteas que se hayan realizando actividades nada sospechosas en los suburbios de sus planetas.


 Archivo perteneciente a HI. "Vida de un Chatarrero".

-Veamos, no se por donde empezar. Es la primera vez que me contratan para que cuente mi vida. ¿Sabes? sois unos clientes jodidamente raros. En vez de pedirme que mate, me pedís que hable. Pa' mi que os falta un tornillo. Pero como ya me habéis pagado no veo inconveniente en contárosla. Tampoco tengo inconvenientes en deciros que lo hubiese hecho gratis... ¡Eso no significa que os vaya a devolver ni el metal, ni el cristal, ni los circuitos!.

-……....

-Bueno, vale. Me dejo de rodeos y os lo cuento.

-……....

-¿Que empiece por mi infancia? Vale. Pero yo he tenido una infancia muy normalita y feliz, como el resto de chatarreros.

Un buen día abrí mis ojos por primera vez, y me encontré en medio de un agujero en el suelo, con mi cuerpo dolorido y cubierto de suciedad. Nubes tóxicas cubrían el cielo, el suelo estaba compuesto de metal oxidado, de un tono entre rojo y marrón, y los rugidos de monstruosas bestias resonaban a lo lejos. Vamos, un escenario cualquiera.

Salí del agujero un par de días después de abrir los ojos. Por algún extraño motivo me había resultado muy difícil moverme hasta entonces; también recuerdo que cuando abrí los ojos me pareció un agujero enorme, pero tras salir lo vi diminuto. Bueno, cosas de la vida, supongo. No se si tiene relación, pero en ese tiempo mediría entre un metro y un metro veinte.

Tras salir me puse a vagabundear un poco. Miré un poco por la zona, y pronto descubrí un montonazo de chatarra y restos de vehículos a mi alrededor.

Me puse a rebuscar en ella hasta encontrar algo que podía usar como un arma improvisada, y otras cosas que me servían de armadura. En eso empleé todo aquel día, y dediqué toda la noche a la creación del arma y la armadura; cosas que, ahora sé, eran completamente inútiles contra cualquier ser que pudiese encontrarme.

Cuando salieron las primeras luces del día yo ya estaba listo, y emprendí sin demora mi viaje hacia lo desconocido. Todo el trayecto lo hice con los pies ensangrentados por caminar descalzo sobre un suelo que parecía hecho de cuchillas. Mira que debí buscar algo que me sirviese de calzado, pero no se me ocurrió a pesar de que ya me estaba cortando antes.

Al poco tiempo vi una enorme humareda a lo lejos. Y supuse que allí encontraría una ciudad. Porque, ¿que más iba a levantar semejante cantidad de humo aparte de una ciudad?

Tras una o dos semanas de viaje llegue a la ciudad de la que provenía ese humo. Fue un viaje un poco más duro de lo usual, pues algo logró arrancarme el brazo izquierdo, aun me pregunto que fue esa cosa; nunca la volví a ver. Pero de ese momento aun tengo otra duda aun mayor ¿le sentaría mal mi carne y por eso me dejó de atacar? Es una pregunta que me viene de cuando en cuando.

Aparte de eso no tuve ningún otro percance. Después de perderlo me espabilé y estuve bien atentó, escondiéndome siempre que notaba algo raro. Por las noches buscaba algún lugar apartado u oculto y excavaba un agujero en el metal. No veas como me laceraba en el proceso. Se nota que no tenía esta preciosidad de armadura, ni las herramientas adecuadas, en ese momento.

Pero bueno. Cuando llegue a la ciudad quedé impresionado. Los edificios de metal parcheado y engranajes se elevaban en el cielo y sus cimas se ocultaban en las densas nubes de humo que soltaban.

Por todo el borde de la ciudad había pequeños ríos formados por los desechos tóxicos que salían de algunas fábricas.

El estridente ruido de las forjas era el sonido de fondo que llenaba todo el lugar, al que se le imponía el rítmico "clank" de los engranajes y aparatos que conformaban los edificios y vehículos. Estos solo eran superados por el bullicio de las juergas y discusiones de los diversos locales, y ocasionalmente estos eran sobrepasados por las detonaciones de disparos y explosiones lejanas.

El aire del lugar estaba incluso más enrarecido que el que había estado respirando hasta ese momento.

Por todos lados había movimiento, y en las afueras una gran pila de cadáveres que presentaban todo tipo de heridas mortales. También presentaban obvias señales de que les habían extraído cualquier cosa que ya no iban a necesitar, incluyendo algún órgano que apenas estuviese dañado (muy improbable) o que hubiese sido increíblemente modificado.

Por el óxido, era jodidamente fantástica la ciudad.

Al poco de llegar alguien me explicó lo "básico" que necesitaba saber. Después me fui a ver si me aceptaban en alguna forja, para así conseguir algunas herramientas y metal. No tuve que buscar mucho para encontrar una en que hubiese un hueco que pudiese tomar, a cambio de un porcentaje de lo que hiciese claro.

Los siguientes tres años me los pasé fundiendo metal, creando armas y armaduras y experimentando en su creación. Fue bastante entretenido. Bueno, perdí la mano derecha en una ocasión, pero no importa mucho, el propietario me hizo otra.

La forja era asaltada con cierta regularidad por bandas que deseaban hacerse con su control; pero nunca consiguieron derrotar al propietario, que las repelía a todas con "Dureza". Es así como llamaba a su hijo de acero, que medía tres metros y tenía una ametralladora pesada gigantesca.

Durante ese tiempo crecí hasta casi alcanzar mi altura actual, es decir, llegué a al metro setenta y poco.

Una vez pasados esos tres años decidí centrarme en la creación de soportes vitales y modificaciones para los órganos; mas que nada porque ya se iba acercando el momento en que necesitaría llevar una mascara. Ese año había empezado a respirar con dificultad, y ocasionalmente escupía sangre.

Dejé aquella forja, me despedí del propietario (ni idea de como se llamaba), el cual me regaló un brazo mecánico para suplir el que me faltaba, me dijo que siempre tenía dos de repuesto y que me podía quedar ese de regalo.

Al día siguiente empecé a prepararme. Ahora llevaba una armadura en condiciones, ademas de herramientas y armas adecuadas. Aunque mi experiencia en combate era escasa sabía defenderme, y para ganar una pelea, basta con convertir al enemigo en un colador mientras evitas que te conviertan en un colador.

-......

-¿Como que "qué iba hacer con los conocimientos que me faltaban"? Pues improvisar algo, como hacemos todos. Y aun iba sobrado. Tenía todo un año para hacer pruebas.

Lo primero que hice fue cavar mi propia pequeña forja a las afueras de la ciudad, algo bastante común. Aunque no son tan buenas como una forja normal sirven para proyectos de pequeña escala. Su construcción me llevo una semana, mas o menos; hubiera tardado menos de encontrar antes los materiales necesarios, pero también es cierto que habría tardado más de no encontrarlos. (Risas)

Bueno, ese fue un año movidito. Todo el rato estaba llendo a la ciudad a negociar por cualquier cosa que me pudiese servir, rebuscando entre la chatarra y los resto de naves o vehículos, peleando con las crías del Pulpelefan que rondaban esas zonas. Y cada vez que volvía a mi forja me ponía a fundir metal, y a ver como me hacía los soportes y la máscara.

En cierto momento las cosas se me complicaron. Empezó a costarme respirar, y tosía bastante. A medida que pasaba el tiempo mis pulmones se encharcaban cada vez más, y me era muy trabajoso respirar. La tos empeoraba, escupía sangre constantemente, y varias veces estuve apunto de morirme ahogado porque se juntaban esos tres factores.

Al final del año apenas podía respirar, caminaba encorvado; ya no tosía, pero me salían un pequeño hilo de sangre de la nariz y otro de la boca. Estaba acabado, apenas podía salir de mi forja para hacer un breve viaje a la ciudad. Pero aun podía fundir metal, y hacer más pruebas.

El día que por fin complete la mascara y el soporte fue increíble. Tras varias horas de forjado y de reajustarlo al rojo vivo por fin lo terminé. Con cuidado los dejé sobre la mesa, dejando que se enfriaran al aire, mientras sonreía cansadamente. Yo ahí, todo feliz y contento, y mis pulmones deciden dejar de funcionar.

Mis pulmones, destrozados, ya eran incapaces de funcionar por si solos. De un momento a otro me vi con las manos al cuello, intentando obtener desesperadamente una pizca de aire que inflase mis pulmones. Notando como perdía la consciencia por momentos, sintiendo un profundo ardor en mi cuerpo y un fuerte dolor en el pecho, me precipité contra la mesa y tome la máscara y el soporte. Ambos estaban aun rojos por el calor, pero no me importaba. Me los acerqué apresuradamente a la cara, y force la entrada del soporte vital por mi boca y laringe, directo a mis pulmones. Fue un dolor terrible, la carne dentro de mí hervía, se pegaba al metal, y era arrancada mientras descendía por la traquea. Mi laringe quedó destrozada en el proceso. Una vez llegó a los pulmones, sentí como se secaban, y toda la sangre y líquidos que los llenaban hirvieron escaldándomelos, mientras se convertían en vapor, ascendían y salían por mi boca. Una vez todo dentro, sintiendo como mis órganos se quemaban, me puse la mascara para que funcionase. De forma casi instantánea se fundieron la piel y el músculo bajó ella, adhiriéndose al metal.

Y en ese momento, apunto de asfixiarme, con las entrañas ardiendo, y mi cara derritiéndose, teniendo la sensación de que la muerte me contemplaba, me puso lo más recto que pude; realice una pequeña reverencia... y acompañé de un corte de mangas.

En ese momento, el aparató funciono. Haciendo funcionar mis pulmones de nuevo, los llené de aire, y grité con todas mis fuerzas, pues sentía como si fuera fuego lo que introducía en ellos.

Al final del día me encontré tirado, invadido por dolores inimaginables, al borde de la muerte, y con un humillo saliendo por debajo de la máscara de gas. Pero estaba vivo. Así que me levanté como pude, y repetí, una pequeña reverencia, y un gran corte de mangas. ¡¡¡ESTABA VIVO!!! Me reí con todas mis fuerzas, chorreó un montonazó de sangre de la boca de la mascara, y me derrumbé. Estuve allí tirado un par de días antes de ser capaz de moverme de nuevo y ponerme a hacer distintas cosas. Ahora tenía que hacer un par de de soportes más y alguna modificación. Por no mencionar que quería volver a fabricar armas y armaduras. Y mejorar mi equipo.

De forma que, como ya he dicho, tuve una infancia normal y muy feliz. Puede que un poco más agitada que la de otros, pero tampoco es que sea para tanto.

Bueno. Pues continuemos.

Los dos siguientes años los pasé en grande. Ya estando sano de nuevo, y sin tener que preocuparme por crear soportes y una máscara, lo pude dedicar a lo que quisiese. Que era crear armas y armaduras; y, ocasionalmente, más soportes.

Pero no solo eso, por supuesto. Ese año también aproveche a explorar más la ciudad. Me puse de nuevo en contacto con el propietario y le agradecí nuevamente el brazo nuevo, y el haberme hecho la mano. Que sujeto tan agradable. Lo visité varias veces; aunque por diversos motivos.

Obviamente hice más cosas, seguí comerciando; aunque por diversión. Me metí en varias peleas y en un par de tiroteos. Me pegaron un escopetazo en el pecho que abolló mi armadura y tuve que hacerme otra.

En una ocasión le pedí al propietario que me hiciese una operación a pecho abierto para mejorar mis soportes; bueno, tarde o temprano tenía que hacerlo, y mejor con alguien de confianza. Obviamente no me salió gratis, es más, fue malditamente cara; pero empleó soportes suyos, y el resultado fue excelente. También fue una operación jodidamente dolorosa; hasta que me sedaron de un martillazo para que no molestase. No veas la cosa que me dio verle sacarme el pulmón del pecho.

Aparte de eso también fui a varios bares y tabernas por primera vez. El mejor de todos, y al que sigo llendo, es el bar de “un tiro”, el mejor bar de la ciudad. El propietario del bar, “un tiro”, recibió ese apodo porque no precisa más de un disparo para “tranquilizar” a los alborotadores. Su bar siempre está lleno porque... ¡TIENE UNA GRAMOLA!

Y aunque la mayor parte de sus canciones son “básicas”, también tiene algunas antiguas. Y ocasionalmente pone una canción perdida que encontró. Solo con las canciones básicas se asegura una buena clientela, así que con las otras se a convertido en uno de los mejores bares de DO.

Je. Ese cabrón si que es rico. Y difícil de matar. Aparte de habilidoso en el uso de sus armas, su pistola es más potente que mi puto bazooka. Una vez le vi reventar a un jodido autómata de un tiro.

Bueno. Pues tras esos dos años decidí meterme en un negocio que me diese muchos materiales. Y opté por empezar ya mi carrera de mercenario. Así que me dispuse a ir a un centro de encargos. Lo malo es que la ciudad en la que estaba no tenía. Y la ciudad más cercana con centro de encargos estaba a 3500 km de distancia.

Pero no había problemas. Reuní todas mis cosas en mi forja pequeña, y me dispuse a planear el viaje.

Tenía tres opciones. Harlo a pie, unirme a una caravana motorizada, o comprar un ticked de zepelin.

En verdad fue difícil decidirme, pues cada opción tenía sus ventajas y desventajas. Hacerlo a pie no me costaría nada, y podría reunir materiales en el camino; pero tardaría cerca de un año en hacerlo, y podía acabar muerto a mitad del recorrido. Unirme a una caravana motorizada era mucho más rápido, el viaje solo duraría una semana, y dependiendo de las negociaciones podría ser barato; pero también podía salirme caro, y era bastante más peligroso que ir andando (un grupo grande atrae más la atención que un individuo solitario; y es más difícil esconderse). La mejor opción era el zepelin; el viaje sería de menos de tres días, y evitaba la mayoría de las amenazas; pero hasta el más barato ticked daría un gran palo a mi economía.

Así que, tras algunos días pensando, y reuniendo más materiales, me decidí por la caravana motorizada. Más que nada porque había llegado una a la ciudad que dejaba unirse gratis a cualquiera con armas y mucha munición que se uniera a los defensores. Por lo que no dudé en unirme a la caravana.

Como llevaba bastantes cosas me metieron en el camión grande. Cabe decir que solo ocupé un nueve por ciento de su espacio.

Bueno, el camión al que fui asignado, juntó a otros veinte chatarreros, medía unos cien metros de largo por quince de ancho y cuatro de alto. Sin contar la cabina que tenía otras medidas. Estaba recubierto de enormes placas de metal, y de su cabina salían cientos de válvulas que soltaban vapor o gas hirviente.

Por dentro tenía varias rejillas por las qué disparar; pero la mitad preferimos instalarnos en el techo, el cual tenía un par de entradas desde dentro, y había sido acondicionado para poder viajar en el, y le habían puesto coberturas. Por no mencionar que tenía dos ametralladoras pesadas móviles.

Bueno, pues eso, diez se quedaron abajo, mirando cuales de sus armas eran “compatibles” con las rejillas, y cuantas podían emplear a la vez.

Por otro lado, los que subimos al techo nos pusimos a tomar coberturas. Menos dos que se fueron directos a por las metralletas móviles, y un tercero con francotirador se puso a construir una pequeña atalaya en el centro desde la que se posicionó.

Yo tomé la cobertura de la esquina inferior izquierda. Con mi metralleta en las manos, la pistola en la funda, el bazooka en la espalda, mi espada retráctil en los riñones, y un baúl grande llenito de munición a mi lado. Los otros siete que subieron tenían equipamientos similares.

En cierto momento, poco antes de partir, bajé a por un par de cargadores que aun cabían en el baúl, y me fijé en dos cosas. Primera, que los cabrones de abajo tenían mejores metralletas que yo. Dos, que todos tenían varios baúles a sus lados. De forma que en vez de agarrar dos cargadores, agarre dos baúles más y me los subí. Poco después el resto bajó a coger más baúles para ellos también.

La caravana estaba compuesta por tres camiones, cinco camionetas, diez coches, siete motos, un tanque, varios vehículos sin clasificación, y una umsindo de los transfunken para tener música.

Mientras que una caravana normal suele avanzar con una organización mínima; está, que poseía el umsindo, fue organizada a conciencia, para llevar una formación circular que pusiera al umsindo en el centro, bien protegido, con el tanque al frente y el camión en que iba en la retaguardia. Los demás vehículos colocados equitativa y simétricamente al rededor, salvo las motos, que realizaban laboras de exploración constantemente.

Bueno. El trayecto lo dividimos en cuatro etapas, haciendo una parada cada dos día. Salimos de la ciudad antes del mediodía, y paramos al anochecer del siguiente. Esa fue la peor etapa. Horas y horas de observar el desolado paisaje sin que nada nos salvase del aburrimiento. Con excepción de los momentos en que ponía música la umsindo.

Cuando realizamos la parada, montamos rápidamente el campamento. Hicimos una atalaya alta para vigilar el perímetro y colocamos coberturas y barreras con pinchos entre los vehículos. Nos asignamos turnos para la noche.

Como aun quedaban unas horas de luz los pasajeros nos fuimos a buscar más materiales por la zona.

No es que fuera una buena zona, pero tampoco era mala. Por otro lado, los conductores cavaron un agujero para buscar más piedras gaseosas. No es que estuvieran faltos de ellas, solo querían más.

Je, para eso si que fue una excelente zona.

Bueno, la noche pasó tranquila, y aprovechamos el agujero de la excavación para hacer una forja pequeña y fabricarnos más munición.

Levantamos el campamento con las primeras luces del alba; y nos pusimos en marcha antes del mediodía.

El tercer día fue muy entretenido. Una especie de la zona nos atacó empleando enormes números y una velocidad que igualaba la de la caravana. Así que nos pasamos el día disparando con música de batalla de fondo. Esas criaturas nos persiguieron hasta que cayó la noche; cuando, por desgracia, decidieron huir.

El cuarto día no estuvo mal. Sufrimos algún ataque esporádico de la especie del día anterior. Pero eso no nos libró del horror de sufrir largas horas de aburrimiento.

La parada de esa noche nos vino mejor a los pasajeros. Habíamos acampado en una zona llena de grandes montículos de chatarra y restos. Así que nos hinchamos a recoger cosas. Y también a modificar nuestras armas. El del francotirador potenció su rifle con un motor que daba mayor velocidad e impacto a su munición, aparte de un efecto eléctrico. Yo, le metí mas potencia a mi pistola y bazooka, y una mayor cadencia a la metralleta.

El quinto y sexto fueron como el primer tramo. Horas y horas de nada, que combatíamos como podíamos. Aparte de la música, el único entretenimiento era ver quien localizaba y disparaba antes a un grupo de seres.

La parada del tercer tramo no estuvo mal. No había muchas cosas, pero eran interesantes.

En el último tramo tuvimos ciertas complicaciones por “falta de visión”. Jajajaja. La visión de una montaña, que no nos dejó ver a una Bestia DO hasta que cruzamos a su lado. Jajajajajaja.

Bueno, nosotros la vimos primero, y cambiamos un poco el rumbo. Despues se estrelló la cima de la mosntaña a nuestro lado, dando a entender que nos había visto.

Así que los conductores le dieron al acelerador mientras el resto disparaba a la criatura.

Tenía aspecto de gorila, era grande y feo. Con enormes músculos que parecían rocas… ahora que lo pienso. Creo que si eran rocas. Eso explica porque las balas rebotaban o levanaban polvo al impactarle. Pero bueno, era jodidamente grande y resistente. Mis compañeros decidieron que nada de lo que le disparasen iba a funcionar así que dejaron de hacerlo. Me hubiera gustado que me avisasen de eso. Así no abría malgastado medio arcón. Cabrones. Y… ¿ya he dicho que era grande?. Es que hay que remarcarlo. Porque mediría… tres metros menos que la puta montaña que nos impidio verlo.

Bueno, nos pasamos todo el día y noche a toda velocidad con música de persecución, mientras nos perseguía la bestia. Nosotros le disparamos de cuando en cuando un bazookazo a la cara, y nos reíamos de ella un poco. Ocasionalmente aceleraba y se aproximaba de más a la carabana; concretamente al camión en el que iba por estar en la retaguardia y esas cosas. Pero el tanque le disuadía de ello girando la cabina y dándole un cañonazo en la boca, que le devolvía a su posición de perseguitoria original.

-…….

-Me importa tres pepinos en vinagre que se diga persecutoria. Soy yo el que cuenta la historia, y me invento las palabras que quiero.

-…….

-Si, he dicho cabina. Este en lugar de girar la torreta giraba la cabina mientras avanza. ¿Acaso no es opcional el que gire una cosa u otra?.

-…….

-No podría importarme menos. ¿Continúo?

-……

-Pues, como iba diciendo. El muy cabrón nos persiguió hasta la ciudad. Fue jodidamente épico. A pocos kilómetros de ella se adelantaron los motoristas para avisar mientras todos los demás nos poníamos a dispararle todo lo que teníamos. El estruendo del fuego continuo hacía bribrar el aire. El transfunken tubo que subir los altavoces al tope para que pudieramos oir la música.

Recuerdo perfectamente ese momento. El aire me empujaba desde mi espalda mientras el retroceso de mis armas me hechaba atrás, clavándome en el sitio.Las ondulaciones del aire por las ráfagas de balas. El enorme frenetismo y la música ensordecedora. Todo expectacular. Aunque aun más lo fue nuestra llegada. Entramos a toda velocidad, destrozando la calle, con la bestia pisándonos los talones. Cuando salieron chatarreros de todos los edificios a dispararla con toda clase de armas.

Fue una emboscada brutal. La bestia golpeaba y destrozaba todo lo que tenía cerca, mientra todo el mundo la disparaba; y cada vez había más gente apuntandose a la fiesta. Al rato llegaron algunos desafiantes con autómatas, y los mandaron de frente. Los autómatas eran de cinco seis metro, pero parecían enanos a su lado. Aun así aguantaron como pudieron contra la bestia. Despues fueron llegando más chatarreros con artillería por ambos lados de la calle, y se unieron a la fiesta. Al final toda la ciudad se unió a cazarla. Fue una batalla espectacular, que podría haber durado varios días de no haber aparecido un grupo de sintornillos que estaban allí. No veas como la dejaron. Ufff. Eso si que daba miedo, ¿veinte sintornillos en menos de tres kilómetros cuadrados? Jodidamente aterrador. Llegaron, se pusieron a pulverizar el agua marina y tubimos que ocultarnos todos; de cuando en cuando hechabamos alguna ojeada, y les veíamos dispararles chorros a presión que la destrozaban donde impactaban, mientras aun había un par de gilipollas rociando.

Tras eso hubo que hacer un montonazo de reparaciones, la mitad de ellas debido a la niebla acida que hicieron los sintornillo.

Bueno, y tras eso reuní mis cosas y me fui directo al centro de encargos a que me contrataran.

Llegué, consteste un formulario, revisaron mi arsenal, esperé un poco y me metieron en un grupo marabunta. Subí a una nave espacial junto a trescientos chatarreros y me fui a no se que planeta a pelear.

Recuerdo el lugar al que fui, era extraño, con muchas cosas raras, el suelo tenía algo llamado plantas. Era muy extraño, no sabía como reaccionar ante ello. Pero desaparecieron tras empezar la batalla. Fue sencilla, fuimos, matamos a todo lo que se nos puso enfrente, recogimos toda la chatarra que vimos, y nos fuimos. En verdad la palmaban rápidamente, use mucha menos munición de la que creía necesitar.

Despues volvimos rápidamente a DO. En verdad me hubiera gustado estar un poco más; lo suficiente como para ver otra de esas cosas. Pero tampoco es que importase mucho.

En DO mejore mi equipamiento y volví a apuntarme. Así varias veces, luego hice alguna pausa para hacer más viajes entre ciudades, alguno igual de entretenido que el primero, y otros más peligrosos. Pero bueno, ofrecí bastante mis servicios y me acabaron metiendo en una mayor calidad. Respecto a mis servicios, normalmente es ganar la batalla, ya sea facil o dificil, se pelea hasta ganarla; aunque en alguna ocasión nos pidien hacer cosas extrañas. Aunque más lógicas que pedirme que les cuente mi vida.

-…….

-Ya, da igual. La verdad es que suelo mirar un poco en otros planetas por esas cosas raras que hay. Pero bueno, eso lo hacemos la mayoría de chatarreros. Y no pasa nada. Un par de veces he tratado de llevar alguna a DO. Pero se mueren al poco de llegar.

Bueno, y esa sería mi vida a grandes rasgos. Así que ya me voy.